En la era de lo artificial, la marca es lo único real.
En un contexto donde la inteligencia artificial multiplica y amplifica tanto las oportunidades como los riesgos, la marca se consolida como un activo estratégico crítico para proteger la reputación, construir confianza y generar valor a largo plazo, ante la mayor saturación y desinformación.
¿Por qué solo las marcas fuertes resistirán la era de la desinformación y los deep fake?
Los deepfakes han llevado la desinformación a otro nivel. Ya no hablamos solo de noticias falsas, sino de vídeos, audios y mensajes que parecen reales y que utilizan imágenes y voces sin consentimiento.
Figuras como Rafa Nadal o Tom Hanks han denunciado el uso fraudulento de su imagen en vídeos generados con IA para estafas o mensajes que jamás aprobarían. El patrón es claro: apropiarse de reputaciones consolidadas para intentar generar confianza artificial, pero inmediata.
Algunos han ido un paso más allá. Matthew McConaughey, por ejemplo, ha registrado recientemente su voz y su imagen ante la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU. como medida preventiva frente a futuros deepfakes. La protección de marca ya no es solo de comunicación; es también jurídica y estratégica.
Y es aquí donde la marca demuestra todo su verdadero potencial. Cuando una marca es fuerte, la audiencia detecta la incoherencia. El mensaje no encaja con la trayectoria ni con los valores construidos en el tiempo. Esa fricción actúa como alarma. Porque la marca, más allá de identificar, filtra y avala.
La autenticidad deja así de ser un lujo creativo para convertirse en un eje de protección frente a la desinformación y posibles crisis de reputación.
Cuando la credibilidad importa más que la visibilidad
La confianza es hoy uno de los activos más escasos. Según el Edelman Trust Barometer 2025, los consumidores confían más en las marcas que en muchas instituciones tradicionales, y esperan de ellas integridad y liderazgo ante desafíos como la desinformación.
En un entorno saturado de estímulos, las marcas ya no compiten solo por atención, sino por credibilidad. Y esta no se construye con acciones puntuales, sino con identidad, propósito y coherencia sostenida.
Cuando esa coherencia existe, la marca se convierte en un marco de referencia que ayuda a distinguir lo verdadero de lo artificial.
Autenticidad en tiempos de ruido
En la era de la saturación de estímulos, la autenticidad es poder. Y el riesgo no siempre viene de fuera.
Casos de campañas recientes como las de Gucci, McDonald’s o Coca-Cola muestran como el uso intensivo de IA en campañas creativas, cuando no está alineado con la esencia de marca, puede percibirse como frío, genérico o artificial. Y la realidad, es que no se cuestiona el uso de la tecnología, sino la posible pérdida de identidad. El problema no es la IA, es la pérdida de autenticidad de marca. Un “AI washing” que aunque puede generar eficiencias a corto plazo, a largo plazo debilita la conexión emocional y genera efectos similares a la desinformación: confusión, distancia y desconfianza.
La marca como brújula en un entorno sin normas claras
La tecnología avanza más rápido que la regulación. En ese vacío, la necesidad de responsabilidad por parte de las marcas es mayor que nunca.
No basta con protegerse. Es necesario orientar y educar con una comunicación más humana y transparente. Según un estudio reciente, el 77 % de los consumidores quiere saber cuando un contenido ha sido generado por IA, situando la transparencia como condición básica para la creación de relaciones de confianza.
Construir una marca transparente, auténtica y coherente en el tiempo, no solo reduce riesgos reputacionales. Protege la identidad y genera valor sostenible en un entorno donde el ruido amenaza la claridad y la falta de identidad la diferenciación.
«Una marca sólida no es solo un logotipo reconocible: tiene la capacidad de orientar, proteger y crear vínculos reales, en un entorno saturado, cada vez menos humano y auténtico.»
¿Están realmente preparadas las marcas para asumir los nuevos desafíos de la era de la inteligencia artificial?
Carla Caprile Executive Strategy Director
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